MOSAICO
PARROQUIA SAN JUAN APÓSTOL
“El río de la vida”

ARTE y ORACIÓN

La Teología de San Juan Apóstol y el Taller “Maranatha”

El apóstol san Juan, nuestro patrono, deja plasmada su teología sobre la vida de la Iglesia unida al misterio de Cristo en el libro del Apocalipsis. Esta teología, que habla de la figura reinante del Cordero, que es Cristo resucitado, y del río de la vida, que se convierte en fuente de vida plena para todos los hombres, se resumió en el mosaico que hoy ocupa todo el ábside de nuestra parroquia.

Para esto, se formó el taller de arte y espiritualidad “Maranatha”, que tuvo como pilares la oración, la experiencia comunitaria y el trabajo de la técnica del mosaico. La dimensión artística de este proyecto estuvo a cargo de Francisca Claro, y la dimensión espiritual de Marcela Cortés. Ellas guiaron con paciencia y sabiduría a un grupo de cincuenta personas, principalmente mujeres, a través de la oración y la lectio divina, en el trabajo de selección y en el quiebre de cada piedra para convertirlas en una obra de arte. Un trabajo que encierra perseverancia, mucha dedicación, renuncia, humildad, oración y gran entrega.

“Apareció también otra señal: un enorme dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos, y en las cabezas siete coronas; 4.con su cola barre la tercera parte de las estrellas del cielo, precipitándolas sobre la tierra. El dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. 5.Y la mujer dio a luz un hijo varón, el que ha de gobernar a todas las naciones con vara de hierro”. Ap 12. 3-5.

Simbología

“Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar no existe ya. Y vi a la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia que se adorna para recibir a su esposo”. Ap 21, 1-2.

Al centro, presidiendo el ábside, está el Cordero sentado en un trono, que es Cristo mismo resucitado. De su costado abierto brota sangre y agua, como en la cruz, que se convierten en un torrentoso río de la vida. Este río es la liturgia de la Iglesia en la cual la humanidad participa de la salvación de Cristo, y que es fuente de vida para todos los hombres.

A los lados del Cordero aparecen contemplándolo los apóstoles, quienes ya gozan de la salvación de Cristo.

Junto a ellos aparecen dos ángeles del apocalipsis tocando con sus trompetas la plenitud de los tiempos, los cuales también participan de la salvación en Cristo.

Todos ellos están bajo un cielo estrellado, cuya posición de las estrellas corresponde a la de la noche de la Vigilia Pascual de 2016, y son presididos por el alfa y la omega, que significan que Cristo es el principio y el fin de todo.

A un costado del río, bebiendo de él, está la Jerusalén celestial, descrita por san Juan como una ciudad transparente, gloriosa, con doce puertas decoradas con piedras preciosas. Es la realidad última de la Iglesia, la morada de Dios con los hombres. Los árboles que la rodean están llenos de frutos de colores que hablan de la vida plena que solo se da junto a Dios.

Al otro lado del río, sin poder penetrar en él y arrinconado, aparece el dragón de las siete cabezas, que con su cola arrastra un tercio de las estrellas del cielo. Sin embargo, es vencido por la mujer embarazada a punto de dar a luz. Como signo de esto, varias medallas de María aprisionan al dragón. Este dragón simboliza el demonio y nuestro pecado, y nos recuerda que está presente en nuestra vida, pero en Cristo es derrotado. Y por mucho que lo intente una y otra vez, la salvación de Cristo es siempre más grande.

“Y el que está sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas». Luego me dijo: «Escribe que estas palabras son ciertas y verdaderas.» Y añadió: «Ya está hecho; yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tenga sed yo le daré de beber gratuitamente del manantial del agua de la vida”. Ap 21, 5-6