Vaticano:Jornada de los Abuelos,transmitamos la ternura de Dios a cada anciano

23 de Julio de 2026

 
La religiosa Rosa Parra, de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, destaca la importancia de acompañar a las personas mayores con cercanía.

La hermana Rosa Parra, de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, invita a recuperar el valor de la presencia, la escucha y los pequeños gestos de cercanía. En el marco de la sexta Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, que este año se celebra el 26 de julio, la religiosa destaca que la atención a los ancianos no puede limitarse al cuidado de sus necesidades físicas. También implica acompañarlos en su dimensión espiritual, reconocer su dignidad y ayudarles a vivir esta etapa desde la fe y la esperanza.

Para la consagrada, esta Jornada, instituida por el Papa Francisco en 2021 y continuada por el Papa León XIV, representa una oportunidad para volver la mirada hacia quienes pueden quedar olvidados. Las celebraciones, las visitas a los enfermos y las iniciativas promovidas por las comunidades son, a su juicio, una forma concreta de recordar que las personas mayores siguen formando parte de la gran familia de la Iglesia.

"Siempre es como un recordar", acota. Para la religiosa, esta Jornada permite "sacar polvo" a realidades que durante el resto del año pueden quedar más olvidadas.

La hermana Rosa advierte también sobre el riesgo de reducir la vejez a la fragilidad física y al deterioro. Frente a esta mirada, invita a descubrir la riqueza de la experiencia y la sabiduría que las personas mayores pueden transmitir.

En su trabajo con jóvenes voluntarios, procura que sean precisamente los ancianos quienes ocupen el centro. "A los jóvenes nos gusta ser protagonistas, los mejores, los líderes, los más rápidos, pero aquí venimos a que los protagonistas sean los ancianos", relata.

Las historias de quienes han trabajado durante décadas, han formado una familia, han enfrentado dificultades o han aprendido un oficio pueden convertirse en una escuela para las nuevas generaciones.

"Todo anciano, por muy limitado que sea, nos da una lección", asevera. Puede ser una enseñanza de paciencia, de aceptación del dolor o de capacidad para afrontar el sufrimiento.

Para la religiosa, el encuentro entre jóvenes y ancianos permite además superar una mirada superficial sobre la fragilidad. "Yo no cuido a un anciano por sus títulos, porque es más bello o menos, porque haya conseguido más en el mundo o menos, sino porque es Hijo de Dios", comenta.

Fuente: Vatican News.

Foto: Hermanitas de los Ancianos Desamparados 

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