
San Lorenzo, diácono del Papa Sixto II —quien fuera capturado y decapitado junto a seis de sus colaboradores durante la persecución del emperador Valeriano—, por ser griego sufrió el martirio, el santo mantuvo una constante oración por la conversión de Roma y la difusión del Evangelio en todo el mundo.
San Agustín (354-430) destacó su labor como diácono en uno de sus sermones: “La Iglesia de Roma nos invita hoy a celebrar el triunfo de San Lorenzo, que superó las amenazas y seducciones del mundo, venciendo así la persecución diabólica. Él, como ya se os ha explicado más de una vez, era diácono de aquella Iglesia. En ella administró la sangre sagrada de Cristo, en ella, también, derramó su propia sangre por el nombre de Cristo”. Con estas palabras, San Agustín coloca a San Lorenzo como ejemplo de entrega total al Señor, al punto de imitarlo entregando la propia sangre.
Fuente: ACI Prensa
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