
Este domingo 9 de agosto, la comunidad parroquial celebró de manera especial el Día del Niño. En su homilía, el padre Mariano Irureta reflexionó sobre el Evangelio en que Jesús camina sobre las aguas y extiende su mano para sostener a Pedro en medio de la tormenta. A partir de esta imagen, invitó a enfrentar las dificultades sin dejar de mirar a Cristo: “El camino entonces es mirar a Jesús y no a la tempestad”.
En este día dedicado especialmente a los más pequeños, el sacerdote hizo un llamado a padres, abuelos y familias a entregar aquello que permanece más allá de lo material. “El regalo se rompe. El abrazo, la mano y la ternura se recuerdan”, afirmó, proponiendo una sencilla invitación: “más abrazos y menos regalos”.
Como signo concreto de esta celebración, en cada Santa Misa el padre Mariano invitó a los niños presentes a acercarse al altar para rezar junto a él el Padre Nuestro. Un gesto que reforzó uno de los mensajes centrales de su homilía: la importancia de enseñar a los niños a rezar y de que puedan descubrir, a través del ejemplo de los adultos, la paz y serenidad que nacen de la oración.
La jornada concluyó con una invitación a encomendar al Señor a hijos y nietos y a ser para ellos una presencia que sostenga, acompañe y transmita paz en medio de las dificultades. “Mientras el Señor nos tenga tomados de la mano, ninguna tormenta tendrá la última palabra”, recordó el padre Mariano. Al finalizar cada Santa Misa, se entregaron dulces “chubis” a los niños como un pequeño regalo en su día.
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