“Dios es el primero que invita”

11 de Octubre de 2026

 
El padre Mariano Irureta recordó que Dios nos invita a vivir con alegría y a descubrir en la Eucaristía un anticipo de la gran fiesta del Cielo.

Con una reflexión cercana, llena de ejemplos cotidianos y algunas anécdotas familiares, el Padre Mariano Irureta comenzó su homilía de este domingo 11 de octubre recordando cuánto nos gusta recibir invitaciones y, especialmente, sentirnos considerados. A partir de la parábola del banquete de bodas, explicó que Dios es el primero en invitarnos a una gran celebración: la fiesta del Cielo. “Dios es un Dios de la fiesta y de la celebración”, afirmó, recordando que los cristianos estamos llamados a vivir con alegría y gratitud, porque sabemos que somos hijos amados de Dios.

Sin embargo, el sacerdote advirtió que muchas veces nos parecemos a los invitados del Evangelio que rechazaron la invitación porque estaban demasiado ocupados. “Unos se marcharon a sus tierras, otros a sus negocios, otros habrán tenido cosas que hacer, fin de semana largo, tal vez”, comentó con humor. Y agregó que vivimos en una sociedad donde todo se mide por lo que rendimos, hasta el punto de considerar la celebración como una pérdida de tiempo. Frente a esta realidad, planteó una pregunta para reflexionar: “¿Cómo celebramos?”

El Padre Mariano puso especial énfasis en la familia como el primer lugar donde debemos aprender a celebrar. “El primer lugar donde tenemos que experimentar la fiesta, la celebración, es en nuestra familia”, señaló, invitando a transformar nuestros hogares en espacios de encuentro, comunión y perdón. También advirtió sobre aquellas fiestas que, lejos de llenarnos de alegría, terminan dejándonos vacíos o heridos. “El problema no es que celebremos demasiado, sino que muchas veces celebramos poco y mal”, expresó.

¿Y cómo reconocer una verdadera fiesta? El sacerdote compartió tres señales concretas: que sea una oportunidad de encuentro y fortalecimiento de los vínculos, que exista un cuidado mutuo entre quienes participan y que deje recuerdos agradecidos. Para ilustrarlo, recordó con simpatía cómo, cuando era joven, sus hermanos recibían el encargo de cuidar a su hermana durante las fiestas, mientras ella también tenía la misión de cuidar a sus hermanos. Una sencilla anécdota que permitió recordar que celebrar también significa preocuparnos por los demás.

Al profundizar en el Evangelio, explicó el significado del invitado que no llevaba traje de fiesta. Lejos de tratarse de una cuestión de apariencia, recordó que era el anfitrión quien ofrecía el vestido a sus invitados. “El traje de fiesta para nosotros es la gracia, es el amor, es la misericordia del Señor”, enseñó. En este sentido, destacó que Dios nos regala la comunidad y el sacramento de la Reconciliación para prepararnos a participar plenamente de la celebración eucarística. También invitó a los fieles a involucrarse activamente en la Misa, recordando que la Eucaristía es una gran fiesta de la familia de Dios, un anticipo de la alegría que nos espera en el Cielo.

Finalmente, el Padre Mariano hizo un llamado a dejar atrás una vida marcada por las quejas y la tristeza, para redescubrir la alegría de encontrarnos, agradecer y celebrar los regalos que recibimos cada día. “Aprendamos a celebrar. Aprendamos a celebrar en familia”, insistió. Y concluyó recordando que todos estamos invitados a la gran fiesta del Cielo y que, desde ahora, debemos prepararnos para ella, revestidos de la gracia y el amor de Dios. Una invitación sencilla y profunda para comenzar esta semana con un corazón más agradecido, alegre y dispuesto a compartir con los demás.

 

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